«En Madrid se ha puesto el Sol»: la historia poco conocida de Lucio J&M

Fachada histórica de Casa Andión, hoy Lucio J&M, fundada en 1872 en Madrid

Desde 1872 hay una tienda en la esquina de la Calle Imperial con Bordadoras que ha cambiado de nombre, de dueños y hasta de oficio — pero nunca de sitio. Hoy la conocéis como Lucio J&M. Entonces se llamaba Casa Andión.

¿Quién fundó la tienda?

Pedro Andión, en 1872. El edificio que eligió ya era señorial en su época: conserva todavía hoy las columnas de hierro y las vigas de madera del siglo XVIII, que formaban parte del local antes incluso de que existiera la tienda. Cuando entras a comprar tela, estás literalmente de pie sobre 300 años de historia del edificio y 154 de la tienda.

¿De dónde viene la frase «En Madrid se ha puesto el Sol»?

De los años 30, y de los toldos. Casa Andión se hizo célebre en la ciudad instalando toldos en balcones y comercios por todo Madrid — tantos, que su propia publicidad de la época empezó a decir, con la sorna castiza de siempre, que en Madrid se había puesto el sol. Era, básicamente, la broma publicitaria del negocio hace casi cien años.

¿Siempre vendió telas para tapizar?

No del todo. Por entonces la tienda también vendía cuerdas de cáñamo e hilos de sisal, que se usaban para empaquetar la prensa antes de mandarla en tren hacia provincias. Es el mismo oficio, en el fondo: el de los tejidos y las cuerdas que hoy seguís ofreciendo, solo que entonces uno de los clientes era el propio periódico.

¿Quién continuó el negocio?

Deogracias Ortega, sobrino de Pedro Andión, heredó y continuó la tienda tras él. Más adelante llegó Lucio, desde Molina de Aragón, que pasó de encargado a propietario y refundó la firma junto a su esposa Carmen — el nombre que hoy lleváis en la fachada. Hoy la llevan Javier y M. Carmen, la generación que la mantiene abierta.

Ir a comprar tela, o entrar en un pedazo de Madrid

154 años después, seguís en el mismo sitio, con las mismas columnas de hierro del XVIII a la vista. Si la próxima vez que vengáis a la tienda física os fijáis en ellas, ya sabéis de dónde vienen — de una época en la que Madrid presumía de tapar el sol con sus toldos, y en la que una cuerda de cáñamo era tan importante como un metro de lino.

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